Guías

Mindfulness y relajación no son lo mismo: esta es la diferencia

Mindfulness y relajación no son lo mismo: esta es la diferencia

El mindfulness es una capacidad que se entrena; la relajación es un estado que se produce. Esta distinción es fundamental: la relajación puede ocurrir como consecuencia de una práctica de mindfulness, pero no es su objetivo ni su definición. El mindfulness invita a observar lo que está presente —incluyendo la inquietud, el aburrimiento o la tristeza— sin resistirlo, mientras que las técnicas de relajación buscan activamente producir un estado específico de calma. Cuando las personas confunden los dos, practican mindfulness evaluando constantemente qué tan relajadas están, lo que activa exactamente el monitoreo que impide tanto la práctica correcta como la relajación misma. Cuando las personas me describen lo que esperan de su primera clase de mindfulness, una palabra aparece con mucha frecuencia: “relajarme”. Quieren aprender a relajarse. Y eso es perfectamente comprensible. Vivimos bajo un estrés crónico considerable, y el anhelo de encontrar calma es profundamente humano.

El problema viene después, cuando alguien hace su primera sesión de meditación de mindfulness y en lugar de encontrar la tranquilidad que esperaba, encuentra inquietud, o aburrimiento, o pensamientos que no se detienen, o una voz interior que no para de comentar. Y concluye que lo está haciendo mal. O peor, que “la meditación no es para mí”.

Lo que ocurrió no es que fallara en la práctica. Lo que ocurrió es que entró con la expectativa equivocada.

La confusión es comprensible

La confusión entre mindfulness y relajación no es una tontería. Tiene razones legítimas.

Primero, porque el mindfulness frecuentemente produce relajación como efecto secundario. Cuando alguien aprende a soltar la resistencia a la experiencia presente, cuando la tensión de querer que las cosas sean diferentes de como son disminuye, el sistema nervioso a menudo encuentra más fácil desactivarse. La relajación aparece. Y como aparece a través de la práctica, es fácil confundirla con el objetivo.

Segundo, porque mucho del marketing del mindfulness lo presenta como una herramienta para “encontrar la calma”, “reducir el estrés”, “sentirse mejor”. Esos mensajes son comprensibles desde la perspectiva comercial, pero son incompletos desde la perspectiva de qué es realmente el mindfulness.

Tercero, porque existen prácticas específicas que sí tienen la relajación como objetivo: el entrenamiento autógeno, la relajación muscular progresiva de Jacobson, ciertas formas de hipnosis, técnicas de respiración diseñadas para activar el sistema parasimpático. Estas prácticas son válidas y útiles para lo que buscan. Pero no son mindfulness, aunque a veces se mezclan en el mismo paquete.

Estado versus habilidad

La distinción conceptual más importante es esta: la relajación es un estado; el mindfulness es una capacidad.

Un estado es algo que tienes o no tienes en un momento dado. Estás relajado o estás tenso. Estás tranquilo o estás agitado. Los estados cambian, vienen y van, y no puedes controlarlos directamente, solo crear las condiciones para que lleguen.

Una capacidad es algo que entrenas y que tienes disponible independientemente del estado en que te encuentres. La atención es una capacidad. La conciencia de lo que está ocurriendo en el momento presente es una capacidad. La habilidad de observar la propia experiencia sin ser completamente arrastrado por ella es una capacidad.

El mindfulness entrena esas capacidades. Y lo que las capacidades bien entrenadas te permiten es tenerlas disponibles precisamente cuando más las necesitas: no cuando todo está tranquilo y sería fácil relajarse de todas formas, sino cuando estás en medio de una situación difícil y necesitas la claridad y la ecuanimidad para navegar lo que está ocurriendo.

Un estado de relajación no te ayuda en una conversación difícil mientras está ocurriendo. Una capacidad de atención bien entrenada sí.

Lo que realmente ocurre cuando practicas mindfulness

Cuando te sientas a meditar con apertura genuina, sin un estado específico que lograr, lo que encuentras es lo que hay. Y lo que hay no siempre es relajación.

A veces lo que hay es inquietud. La energía acumulada de un día activo que no ha terminado de procesarse, que se manifiesta como una urgencia de moverse, de hacer, de no estar quieto. La instrucción del mindfulness en ese caso no es forzar calma encima de esa inquietud. Es observar la inquietud. ¿Cómo se siente en el cuerpo? ¿Es caliente, fría, difusa, localizada? ¿Hay pensamientos asociados a ella?

A veces lo que hay es tristeza. O aburrimiento. O frustración. O una sensación de vacío. Todas esas son experiencias válidas que aparecen en la práctica porque son parte de la experiencia humana, y el mindfulness no hace discriminación: trabaja con lo que está presente.

Y aquí está la paradoja que cambia todo: cuando dejas de resistir lo que está presente, cuando lo observas con curiosidad en lugar de pelearte con ello, frecuentemente eso es suficiente para que cambie. No porque hayas hecho algo para cambiarlo, sino porque la resistencia misma era lo que lo mantenía cristalizado. La experiencia, cuando se observa sin aversión, fluye.

Eso puede producir relajación. A menudo lo hace. Pero es una relajación que surge naturalmente de la no-resistencia, no una relajación buscada directamente.

Por qué buscar la relajación corrompe la práctica

Hay un efecto sutil pero real que ocurre cuando alguien practica mindfulness con el objetivo primario de relajarse: la práctica se convierte en una evaluación constante de qué tan relajado está uno.

Cada pocos minutos, hay una verificación interna: ¿ya estoy más tranquilo? ¿Me estoy relajando? ¿Por qué no me siento mejor? Y esa verificación, ese monitoreo constante, es exactamente el tipo de actividad mental que impide la relajación. Es atención dirigida hacia un objetivo, evaluación del progreso, frustración cuando el progreso no es el esperado. Eso no es mindfulness. Y paradójicamente, tampoco produce relajación.

Es como intentar dormirse con demasiado esfuerzo: el esfuerzo mismo activa el sistema que necesitas desactivar para dormir.

La práctica del mindfulness, cuando se hace correctamente, tiene una cualidad diferente: en lugar de buscar un estado específico, hay una apertura receptiva hacia lo que sea que esté presente. Sin agenda, sin destino, sin métricas de éxito basadas en cómo te sientes al final de la sesión.

Esta no-agenda es lo más difícil de sostener para la mayoría de las personas que vienen del mundo de la productividad y los objetivos medibles. Pero es también lo que hace que la práctica funcione.

Lo que ganas cuando abandonas la expectativa de relajación

Hay algo liberador en dejar de pedirle a la meditación que te relaje. Y lo que ganas a cambio es más valioso.

Ganas la capacidad de estar con lo que hay, sin condiciones. Y esa capacidad, cuando se desarrolla suficientemente, es lo que permite atravesar las situaciones difíciles de la vida con cierta gracia. No porque ya no sean difíciles, sino porque has entrenado la habilidad de no pelearte con la dificultad mientras la atraviesas.

Ganas también una relación diferente con los estados internos. Cuando ya no clasificas todos tus estados en “deseable” (relajado, tranquilo, feliz) e “indeseable” (tenso, inquieto, triste), cuando aprendes que todos los estados pueden ser observados sin que te destruyan, hay algo que se abre. Una especie de confianza básica en tu propia capacidad de estar con la experiencia.

Y paradójicamente, cuando ya no necesitas que la meditación te relaje, a menudo te relaja más. Porque la tensión de querer algo específico ha desaparecido.

Cómo reconocer si estás usando el mindfulness como relajación

Hay algunas señales que indican que puedes haber deslizado el objetivo de tu práctica hacia la relajación.

La primera es que evalúas si tu sesión fue “buena” o “mala” basándote principalmente en cómo te sentiste: si te sentiste tranquilo fue buena, si te sentiste agitado fue mala. Desde la perspectiva del mindfulness, no hay sesiones buenas o malas. Hay sesiones donde practicaste con lo que estuvo presente.

La segunda es que cuando la práctica no produce calma, te preguntas si estás haciendo algo mal. Si te preguntas eso con regularidad, probablemente estás buscando un estado en lugar de entrenando una habilidad.

La tercera es que tiendes a practicar solo cuando ya estás más o menos tranquilo, porque cuando estás muy agitado sientes que “no puedes meditar”. Eso invierte la lógica del entrenamiento: los momentos de mayor agitación son exactamente los momentos en que más útil puede ser llevar la práctica.

Relajación y mindfulness juntos

Nada de lo anterior quiere decir que la relajación sea mala o que no tenga lugar en tu vida de bienestar. La relajación tiene un valor genuino y hay técnicas específicas para producirla que son legítimas y útiles.

La distinción que importa es no confundirlas entre sí. Si lo que necesitas en un momento dado es relajarte, usa una técnica de relajación específica y efectiva. Si lo que quieres desarrollar es la capacidad de atención y de presencia que el mindfulness entrena, haz mindfulness.

Pueden coexistir en una misma práctica: muchos programas de mindfulness incluyen técnicas de relajación al final de las sesiones. Pero saber la diferencia entre ambas, y saber cuál es el objetivo de cada momento de la práctica, hace toda la diferencia en los resultados que obtienes a largo plazo.

Y en mi experiencia, cuando las personas hacen esa distinción y empiezan a practicar mindfulness por lo que realmente es, el nivel de satisfacción con la práctica aumenta considerablemente. Porque las expectativas son correctas. Y porque lo que encuentran, aunque no siempre sea relajación, siempre tiene algo que ofrecerles.

Si quieres explorar tu práctica de mindfulness con acompañamiento profesional, puedes conocer todos nuestros programas en mindfulness.org.mx/cursos.

Con calma,
Dr. Eric López Maya
Instituto Mexicano de Mindfulness

Preguntas frecuentes

¿Cuál es la diferencia entre mindfulness y relajación?

La relajación es un estado que tienes o no tienes en un momento dado. El mindfulness es una capacidad que entrenas y que está disponible independientemente del estado en que te encuentres. La relajación puede ser un efecto secundario del mindfulness, pero no es su objetivo ni su definición.

¿Por qué el mindfulness a veces no relaja?

Porque no es su función principal. El mindfulness invita a observar lo que hay —inquietud, tristeza, aburrimiento— sin resistirlo. Cuando practicas sin agenda de relajarte, la experiencia puede o no producir calma, dependiendo de lo que esté presente. Buscar activamente la relajación en la meditación interfiere paradójicamente con ella.

¿Si busco relajarme, qué técnica debo usar?

Técnicas específicas de relajación como el entrenamiento autógeno, la relajación muscular progresiva de Jacobson o técnicas de respiración diseñadas para activar el sistema parasimpático son más directas para ese propósito. El mindfulness y la relajación pueden coexistir, pero saber cuál es el objetivo de cada práctica hace toda la diferencia.

¿Cómo sé si estoy usando el mindfulness como relajación en lugar de como práctica real?

Hay tres señales: evalúas si tu sesión fue buena o mala según cómo te sentiste (tranquilo = buena, agitado = mala), te preguntas frecuentemente si estás haciendo algo mal cuando no hay calma, y tiendes a practicar solo cuando ya estás relativamente tranquilo y evitas meditar cuando estás muy agitado.

¿Hay algo malo en querer relajarse con la meditación?

No. La relajación tiene valor genuino. El problema es confundir las dos prácticas. Si usas el mindfulness como relajación, el monitoreo constante de qué tan relajado estás interfiere con la apertura receptiva que el mindfulness requiere, y paradójicamente también dificulta la relajación misma.

¿Quieres profundizar en tu práctica?

El Instituto ofrece programas diseñados para distintos niveles de experiencia, desde quienes apenas comienzan hasta profesionales que quieren formarse como instructores.

Dr. Eric López Maya

Doctor en Psicología y Salud (UNAM). Director del Instituto Mexicano de Mindfulness. Instructor certificado MBSR por la Universidad de Brown y UMass Medical School. Investigador afiliado en UCLA y Charité Universitätsmedizin Berlin. Más de 20 años formando instructores de mindfulness en Latinoamérica.